A finales de año me sentía un poco mal. Nada grave, pero lo suficiente como para preocuparme. Al principio dudé, pero no pude resistir la tentación de buscar mis síntomas preguntándole a ChatGTP para saber qué me estaba pasando. No quería que eso quedara en mi historial de las conversaciones así que lo hice desde en modo incognito del navegador y sin haber iniciado la sesión en mi cuenta. Le expliqué cómo me sentía y ChatGPT me dio un diagnóstico preliminar. Después le pedí que me hiciera diez preguntas para tratar de mejorar mi diagnóstico. Al final me dijo que podía tratarse de dos posibles padecimientos y, como era de esperarse, me sugirió acudir con un especialista en particular, ya que también le pregunté qué tipo de médico atendía ese tipo de problemas. Como sí era un tema que me preocupaba, tomé el teléfono, busqué un especialista y agendé una consulta.
El doctor confirmó uno de los padecimientos que ChatGPT había sugerido, me recetó un medicamento y algunos consejos adicionales para cuidarme. Al salir de la consulta, volví a entrar a ChatGPT, le pedí que me ampliara la información sobre el padecimiento y que me explicara mejor de qué se trataba. Además de eso, también me sugirió algunos hábitos que debía reforzar para evitar que el problema se complicara. En ese contexto, la duda no es solo para qué usar la IA, sino qué tan confiable es la información que nos ofrece cuando se trata de salud.
Estoy seguro de que no soy la única persona que hace esto, y no solo con herramientas de IA; desde hace mucho tiempo es una práctica común que las personas busquen sus síntomas en Google. Existen estimaciones y estadísticas que el propio OpenAI ha compartido que indican que 1 de cada 4 usuarios consulta de manera regular temas de salud física y mental a través de su plataforma. Si bien hoy tenemos plataformas de propósito general, es muy probable que empecemos a ver cada vez más herramientas de uso específico, especialmente en áreas como la salud.
OpenAI está por lanzar un nuevo servicio llamado ChatGPT Health. La idea es ayudar a las personas a atender temas de salud, pero yendo más allá de solo responder preguntas. Para hacerlo, la plataforma pedirá que subas registros médicos, estudios de laboratorio e incluso que conectes dispositivos que monitorean signos vitales. Con toda esa información, la herramienta busca ofrecer una visión más completa y ayudar a cuidar la salud de manera más informada. En el fondo, se trata de centralizar la información médica y dar más contexto a las recomendaciones que ofrece.

De acuerdo con OpenAI, ChatGPT Health está pensada para organizar e interpretar la información médica del usuario. Por ejemplo, puede ayudar a entender mejor los resultados de análisis recientes. A partir de los datos disponibles, también ofrecerá orientación sobre hábitos como alimentación, ejercicio o sueño, con el objetivo de llegar mejor preparado a una consulta médica. Debido a la sensibilidad de esta información, las conversaciones de salud estarían separadas del resto de los chats, para darles un tratamiento distinto en términos de privacidad y seguridad de los datos.
Hemos visto cómo la inteligencia artificial ha llegado a muchas áreas de la vida cotidiana, desde el trabajo hasta el entretenimiento, y la salud no podía ser la excepción. Su adopción ha avanzado más rápido que la discusión sobre sus implicaciones reales. Como ocurre con casi todo en el mundo de la IA, este tipo de herramientas puede analizarse desde al menos dos perspectivas distintas.
Por un lado, las herramientas de IA mejoran gracias a los datos. Si millones de usuarios suben información, monitorean su salud y comparten registros, los datos de entrenamiento pueden ayudar a mejorar los resultados. Además, no se trata solo de tener más datos, sino datos más diversos. Medicamentos, vacunas y tratamientos pueden variar en efectividad según la región. Tener información de personas en México, Argentina, Japón o Turquía (por mencionar algunos países) podría ayudar a obtener mejores diagnósticos y tratamientos más ajustados a cada contexto.
Además, en países como México y en gran parte de Latinoamérica, donde los sistemas de salud no son lo mejor, existe una saturación y una fuerte desigualdad en el acceso, muchas personas retrasan la atención médica por falta de recursos o por la dificultad para conseguir una consulta. En este contexto, contar con diagnósticos iniciales, recomendaciones básicas y cierto seguimiento puede ayudar a detectar problemas a tiempo y a tomar mejores decisiones antes de que una situación se agrave. Sin resolver los problemas de fondo, este tipo de herramientas podría tener un impacto positivo en la salud pública, especialmente en comunidades donde el acceso a servicios médicos sigue siendo limitado.
Pero también está el otro lado de la moneda. El primero es la privacidad. Empresas como OpenAI no solo tendrían un perfil de nuestros intereses, sino también detalles muy sensibles sobre nuestra salud. Sabemos bien que esto puede derivar en un mal uso de la información. ¿Qué pasaría si estos datos se hicieran públicos o se usaran de forma incorrecta? ¿Qué efectos secundarios podría tener? El riesgo no es solo de privacidad, sino también de poder. Tener tantos datos de salud permitiría construir perfiles biológicos, predecir enfermedades y abrir la puerta a posibles formas de discriminación en seguros, empleos o créditos. En escenarios más extremos, este tipo de información podría usarse con fines geopolíticos o biotecnológicos, convirtiendo los datos médicos en un activo estratégico que afecta no solo a individuos, sino a poblaciones enteras.
El crecimiento de las plataformas de IA ha sido muy rápido, pero no ha sido gratuito. Detrás de este avance hay inversiones enormes en infraestructura que, tarde o temprano, obligarán a las empresas a generar ingresos. Esto abre una pregunta incómoda: aunque estas herramientas puedan ayudar a muchas personas, ¿qué tipo de modelo de negocio será necesario para sostenerlas y quién terminará pagando ese costo?
Por ahora, ChatGPT Health aún no está disponible y solo existe una lista de espera. Pero si hoy muchas personas ya consultan su salud en ChatGPT, suben estudios médicos y confían en la plataforma, es probable que una herramienta enfocada exclusivamente en salud tenga una adopción muy alta.
Tal vez el problema no esté en lo que la inteligencia artificial hará con la salud en el futuro, sino en lo que ya estamos haciendo hoy con ella. Cada vez más personas consultan síntomas, interpretan resultados y toman decisiones preliminares apoyadas en información generada por modelos que no siempre entendemos. La confianza no llega de golpe, se construye poco a poco, casi sin darnos cuenta. La pregunta no es si la IA puede ayudar, sino en qué momento dejamos de cuestionarla. Y cuando se trata de nuestra salud, quizá esa sea la decisión más delicada de todas.
