Feliz cumpleaños, ChatGPT. A tres años, toca preguntarnos si hemos tomado el rumbo correcto.

A tres años del lanzamiento de ChatGPT, todavía es difícil saber con claridad cuál ha sido su impacto.Pocas tecnologías han cambiado tanto y en tan poco tiempo nuestra relación con el mundo digital. En su primer año, OpenAI puso en manos de millones de personas, una herramienta de uso general, impulsada por IA con la cual se podía interactuar en lenguaje natural y que podía  responder cualquier pregunta que le hicieras.

Desde entonces,  hemos visto actualizaciones de manera constante. Pasamos en cuestión de meses de un chat que respondía preguntas con información limitada, a modelos capaces de escribir código, generar videos hiperrealistas y ejecutar tareas más complejas como si fuera nuestro asistente personal.  Como era de esperarse, el resto de los gigantes tecnológicos se sumaron a la carrera y hoy tenemos también a Gemini, Claude, Grok y otros modelos, todos compitiendo en un ciclo donde cada actualización promete ser la versión que lo cambiará todo.

Si bien hemos visto grandes avances, muchos de ellos realmente sorprendentes, también es cierto que el optimismo inicial ha empezado a disminuir y han surgido señales claras del impacto negativo que la IA generativa puede tener en nuestras vidas.

Para empezar, mientras más avanza la tecnología, más evidente se vuelve una nueva brecha. No se trata de quienes tienen acceso y quienes no, sino entre quienes solo usan estas herramientas para obtener respuestas y dar copy-paste y quienes las usan para construir, automatizar, rediseñar procesos y crear cosas nuevas.  Me preocupa que, sin darnos cuenta, estemos formando una generación que prefiere respuestas rápidas en lugar de detenerse a reflexionar, cuestionar y construir ideas de fondo.

La IA generativa también trae efectos secundarios difíciles de ignorar para el mundo digital. Internet comienza a saturarse de contenido sintético: textos interminables, artículos sin sentido y opiniones genéricas, en parte porque nos han convencido de que, para competir en el mundo digital, debemos producir contenido a gran escala. Por si fuera poco, muchos estudiantes están dejando que la IA piense por ellos. Escribir, reflexionar, cuestionar se pueden convertir en habilidades opcionales en mundo donde puedes pedirle todo al modelo más reciente.  He sido profesor en los últimos años y he visto a estudiantes crear proyectos increíbles  gracias a estas herramientas, pero también a otros que han buscado el camino fácil, copian, pegan y entregan y nada más.  Esto me hace preguntarme qué debemos hacer, desde el ámbito educativo, para formar a una generación que tiene estas herramientas disponibles en todo momento.  

Podría parecer que esta es una postura negativa sobre el uso de la IA, pero no es así.  En estos años he explorado su potencial de forma constante, he trabajado con distintas herramientas, he impartido cursos y conferencias para promover su uso, y sobre todo en los últimos seis meses he encontrado nuevas maneras de integrarla a mis actividades diarias. Creo que la IA puede transformar al mundo de forma positiva, pero solo si la usamos de la manera correcta: para amplificar nuestras capacidades, no para delegarlas.

No desconfío de la IA, desconfío de cómo la humanidad puede llegar a usarla, y ese es el verdadero desafío que tenemos por delante.  Tal vez por eso es necesario volver a lo básico, aunque suene contracultural: escribir sin asistencia, reflexionar sin apoyo, retomar el lápiz y el papel. No como nostalgia, sino como entrenamiento cognitivo para no perder lo que nos hace humanos. 

No se trata de preguntarnos si debemos usar la IA o no, sino de discutir cómo la incorporamos sin perder nuestra capacidad de pensar y reflexionar por nosotros mismos. Usarla de forma positiva y responsable no es una opción: es la única manera de asegurar que su impacto sea realmente beneficioso. Y esto será aún más relevante en los próximos años, cuando la inteligencia artificial se vuelva un recurso más abundante y accesible; la pregunta central será entonces cómo vamos a gobernar, educar y trabajar en un mundo donde estas herramientas formen parte natural de nuestra vida cotidiana.

Por ahora, solo me queda decir “Feliz cumpleaños ChatGPT”

Descubre más desde Hugo López Álvarez

Suscríbete ahora para seguir leyendo y obtener acceso al archivo completo.

Seguir leyendo