na de mis metas lectoras de este año es explorar temas y autores que están fuera de mi zona de confort ya que, de cierta manera, había caído en los mismos temas de siempre. Por si fuera poco, me di cuenta de que inconscientemente tampoco había leído una autora mujer en mucho tiempo. Esta búsqueda de nuevos temas me llevó al libro de “Imposible decir adiós” de Han Kang, ganadora del Premio Nobel de Literatura de 2024. La autora escribe sobre temas difíciles como el dolor, la violencia o el pasado traumático, pero lo hace siempre de una forma profunda y reflexiva, algo que se refleja a lo largo del libro. La autora utiliza un estilo narrativo que no sigue un orden lineal, sino que se construye a través de fragmentos que, poco a poco, nos permiten comprender lo que están viviendo los personajes.
El libro trata, en esencia, sobre las pérdidas. Sobre cómo una persona puede aferrarse tanto a la ausencia de alguien que toda su vida se convierte en una búsqueda. El libro nos muestra todo lo que una persona está dispuesta a hacer para descubrir la verdad, encontrar algo de paz y poder despedirse sabiendo lo que realmente pasó. Esta es la historia de cómo alguien puede dedicar toda su vida a encontrar respuestas.
Antes de leer este libro, no tenía contexto sobre las masacres que ocurrieron en Corea alrededor de 1950, ni de cómo pueblos enteros desaparecieron y tantas personas perdieron a sus seres queridos sin siquiera poder despedirse.

La masacre de Jeju, evento histórico del cual hablan en el libro, fue una serie de levantamientos y represiones ocurridos en Corea del Sur entre 1948 y 1953 donde murieron más de 30 mil personas, todas ellas civiles. Un episodio de la historia coreana que permanece como una herida en la memoria colectiva de la región.
Pero la verdadera esencia del libro no está en los hechos históricos, sino en las historias personales de quienes lo vivieron, de los que perdieron seres queridos, historias que nunca fueron ni serán escuchadas. Han Kang nos recuerda que contar lo vivido y ser escuchados es, para muchos, el primer paso la paz interior. El dolor siempre deja huellas. La búsqueda por la verdad nos transforma, nos hace sentirnos solos y perdidos, nos hace perder a la esperanza. A veces, el dolor es tan fuerte que nos hace pensar que es imposible salir de él. «Imposible decir adiós», nos recuerda que detrás de cada tragedia hay miles de historias personales que merecen ser contadas y escuchadas.
Al final del libro se encuentra uno de mis fragmentos favoritos, que me hizo reflexionar en muchos sentidos.
Sentí su amor como un dolor sordo que me traspasaba la piel, se hundía hasta la médula de los huesos y me encogía el corazón. Fue entonces cuando supe lo mucho que duele amar a alguien.
Disfruté mucho el libro, y creo que, de alguna forma, todos tenemos duelos y pérdidas de personas que ya no están. A veces, nunca encontraremos las respuestas que buscamos, y quizá no haya explicaciones suficientes para entender lo que pasó. Pero el dolor no desaparece: se transforma y se convierte en parte de lo que somos ya que hay heridas que nunca cierran. A veces, lo único que podemos hacer es contar la historia, aunque nadie escuche, aunque la verdad nunca llegue.
Nota: La imagen de portada hace referencia a una de las últimas escenas en el libro
