Categoría: Libros

  • El lado oscuro del optimismo tecnológico: «El Círculo» de Dave Eggers

    El lado oscuro del optimismo tecnológico: «El Círculo» de Dave Eggers

    Este año quiero continuar reflexionando y aprendiendo sobre el impacto de la tecnología y de la inteligencia artificial en nuestra sociedad, y qué mejor forma de hacerlo que a través de la distopia con el libro de «El Círculo» de Dave Eggers.  En muchos sentidos, estamos viviendo un optimismo tecnológico con el desarrollo de a inteligencia artificial sin embargo, pocas veces nos ponemos a analizar el verdadero impacto que esto puede tener. 

    En el libro se presenta a «El Círculo», la empresa de tecnología más importante del mundo, que utiliza tecnología avanzada con el objetivo de transformar el mundo de manera positiva eliminando el crimen, las enfermedades y la corrupción, sin embargo es impulso hacia la perfección conduce a la deshumanización.  La historia es narrada desde la perspectiva de Mae, quien empieza a trabajar en la empresa y en poco tiempo se convierte en parte fundamental del movimiento. A lo largo del libro se nos presentan varios proyectos que, en conjunto, construyen un sistema de vigilancia total: plataformas que eliminan el anonimato en Internet, millones de cámaras accesibles para cualquier persona, sistemas que localizan a cualquier individuo en minutos usando reconocimiento facial, y bases de datos que almacenan el historial completo de cada persona y sus antepasados. El paso final es Demoxie: un proyecto que obligaría a todos los ciudadanos del mundo a registrarse en El Círculo para votar, convirtiendo la participación democrática en otro mecanismo de control. Con toda esta tecnología, la vida se convierte en espectáculo. En pro de la verdad y de un mundo más seguro, poco a poco la privacidad desaparece, ya que cada persona tiene una cámara que la sigue en todo momento y cualquier persona puede acceder en tiempo real a estas imágenes. Políticos, personajes públicos y un sinnúmero de personas empiezan a hacer su vida pública y cambian su comportamiento porque saben que son observados y que todos sus movimientos pueden ser analizados constantemente.

    El que una sociedad sea monitoreada en todo momento no es algo nuevo; lo hemos visto en varios libros distópicos como 1984, Un Mundo Feliz o Fahrenheit 451. Sin embargo, en este caso no se trata de un régimen totalitario o un gobierno, sino de una empresa con fines comerciales y capitalistas, donde la vigilancia es aceptada de manera voluntaria. El Círculo convence a la gente de que la vigilancia es parte fundamental del desarrollo y del beneficio de la sociedad, ya que eliminaría muchos de los problemas de nuestro mundo. La gente de todo el mundo acepta y ve como normal ser 100% transparente en todo momento.

    A veces necesitamos voltear hacia la distopía para entender el impacto de la tecnología en nuestro mundo. Este libro me hizo reflexionar sobre varios temas que ya estamos viviendo. El libro plantea las consecuencias de que una empresa de tecnología tenga tanto poder y tanto acceso a la información de sus usuarios con el objetivo de mejorar nuestras vidas, y es precisamente el discurso que hemos visto en los últimos años, en particular en el tema de la inteligencia artificial. Hoy en día existe un sobreoptimismo sobre lo que puede hacer la IA, ya que, al igual que El Círculo, el mercado actual promete que la IA transformará positivamente la salud, la economía, la productividad y el medio ambiente para beneficio de todos. No dudo que el avance tecnológico tenga la capacidad de transformar positivamente, sin embargo pocas veces nos ponemos a reflexionar sobre cuál sería el costo de todo esto y qué pasaría si las cosas no van por el camino correcto. Las redes sociales nos demostraron el lado negativo de que las empresas tuvieran acceso a tanta información personal: el caso de Cambridge Analytica reveló cómo los datos de millones de usuarios de Facebook fueron utilizados para manipular elecciones, y los algoritmos diseñados para maximizar el tiempo en pantalla terminaron creando burbujas de información que alimentan la polarización. Hoy lo mismo está pasando con los asistentes de IA: las personas están tomando decisiones, compartiendo cómo se sienten y tratando de resolver sus problemas de su mano, sin detenerse a pensar en las consecuencias de entregar tanta información personal. En su momento, las redes sociales y los smartphones se vendieron como transformadores positivos, pero también nos trajeron dependencia, sesgos y polarización.

    Además del uso de la información, el libro plantea una reflexión sobre el valor que tiene la privacidad para la humanidad en un mundo donde las grandes empresas tecnológicas almacenan, guardan y tienen acceso a toda nuestra información. Entiendo que muchos de los problemas que vive nuestro mundo tienen que ver con la falta de transparencia, pero podría ser igual de peligroso si todo fuera transparente, si todo se pudiera monitorear y si todo el mundo tuviera acceso a lo que ves, sientes o piensas. Por supuesto, quizás sea la visión de una persona que lleva más de cuatro décadas en este mundo y que nació, creció y fue joven en un mundo donde tus accesos a internet no dejaban rastro, no dejaban huella y donde podías ser 100% anónimo en Internet. Pero las nuevas generaciones no conocen ese mundo; lo ven como algo muy lejano y extraño. Es posible que con el tiempo aceptemos como sociedad que todo debe ser monitoreado y rastreado. Y entonces, sin darnos cuenta, estaremos viviendo dentro de El Círculo.

    La privacidad es fundamental para nosotros como seres humanos. Pero el libro lo plantea desde un ángulo diferente: ¿y si la comodidad, la seguridad y las promesas de un mundo mejor que nos ofrecen a cambio terminan siendo más atractivas que nuestra propia libertad? Al final, nadie obligó a los personajes de El Círculo a renunciar a su privacidad. Lo hicieron voluntariamente, convencidos de que era lo correcto. Y lo más importante es que sus razones eran comprensibles: querían un mundo sin crímenes, sin corrupción, sin secretos que lastimaran a otros. El problema es que el camino hacia ese mundo ideal les costó todo lo que los hacía humanos.

    Por eso este tipo de libros importan: no predicen el futuro, nos obligan a cuestionarlo antes de que llegue.

  • Repensar nuestra relación con la tecnología en un mundo hecho de información y no-cosas

    Repensar nuestra relación con la tecnología en un mundo hecho de información y no-cosas

    El último libro que leí este año fue No-cosas, de Byung-Chul Han.  Aunque es un libro corto y lo tenía en mi biblioteca desde hace tiempo, fue hasta el inicio de las vacaciones de fin de año cuando logré terminarlo.  Byung-Chul Han es uno de los filósofos y  pensadores contemporáneos que más han reflexionado sobre el impacto de nuestra vida en la era digital. Su obra gira alrededor del cansancio, la autoexigencia, la hiperconectividad y la forma en que el mundo digital  ha  transformado no solo el trabajo, sino también la experiencia cotidiana. 

    En No-cosas, Han plantea que estamos atravesando un cambio en nuestro mundo: el paso de un mundo definido por objetos a uno dominado por información a través de datos y estímulos constantes. La vida digital ha ido desplazando lo material y, con ello, ha modificado nuestra relación con el tiempo, la memoria y la atención. La tecnología ya no es una herramienta externa; se ha vuelto parte de la forma en que interpretamos la realidad.

    Hoy, gran parte de nuestra relación con el mundo pasa por una pantalla. Desde ahí hablamos con otras personas, trabajamos, tomamos decisiones y consumimos información. Nuestro smartphone y nuestra computadora ya no son solo herramientas: se han convertido en el espacio donde ocurre gran parte de nuestra vida diaria. Esto, por supuesto, nos ha facilitado muchas cosas, pero también define qué vemos, qué ignoramos y, sobre todo, cómo entendemos la realidad. En buena medida, nuestra percepción del mundo está determinada por lo que consumimos a través de las recomendaciones de los algoritmos. Aceptamos sus decisiones sin comprenderlas del todo, delegando una parte de nuestra autonomía en sistemas que funcionan como cajas negras.

    En el libro Han observa cómo nuestra percepción se ha ido ajustando a ese entorno. Consumimos contenidos fragmentados, breves, diseñados para ser olvidados con rapidez. La lógica de la dopamina impulsa una búsqueda constante de novedades, pero rara vez de profundidad. La información se acumula, pero no se transforma en sentido.

    El libro plantea una pregunta central: ¿hasta qué punto seguimos pensando por nosotros mismos? No sólo en relación con las redes sociales, sino también frente a la expansión de herramientas de inteligencia artificial. Si los algoritmos digitales ya moldearon nuestra atención, los de la IA prometen incidir aún más en nuestra forma de entender el mundo.

    El libro insiste de manera constante en una idea que resulta clave para entender su argumento.  La tecnología trabaja con datos y patrones del pasado. Los humanos, en cambio, deciden también desde la emoción, la intuición y la experiencia vivida. El pensamiento humano no es sólo cálculo, tiene profundidad, ambigüedad, afecto y la inteligencia artificial carece de esa dimensión.

    Byung-Chul Han

    Quizá todo esto pueda parecer exagerado, pero pocas veces nos detenemos a pensar cuánto dejamos que la tecnología defina quiénes somos, cuánto permitimos que el mundo digital moldee nuestra percepción de la realidad y cuántos espacios del día hemos dejado de tener sin una pantalla de por medio. Basta con observar un hábito muy común en muchas personas : cualquier momento libre, una espera, una pausa breve, se convierte casi de inmediato en la excusa perfecta para tomar nuestro smartphone y ver qué hay en redes sociales. Disfruté mucho este libro porque al leerlo también me hizo reflexionar un poco más en mi propia relación con la tecnología y el mundo digital.

    Otro tema que aparece en el libro es el silencio, o más bien la falta de él. Vivimos rodeados de mensajes, notificaciones y ruido constante, pero cada vez escuchamos menos. Estar siempre conectados no significa estar realmente en contacto. El silencio no produce nada ni se puede medir, y por eso incomoda en un mundo que valora todo en función del rendimiento. Aun así, el silencio puede ser tranquilo y necesario. En un entorno donde los ojos casi no descansan y la información nunca se detiene, quizá estemos perdiendo algo muy básico: la capacidad de parar un poco, de cerrar los ojos y de decir no a tantos estímulos.

    No-cosas no es un rechazo a la tecnología, sino una invitación a repensar nuestra relación con ella. Y justo en este cierre e inicio de año, cuando generalmente nos detenemos a pensar que queremos cambiar, qué metas, propósitos y objetivos queremos para el próximo año, vale la pena hacernos la pregunta sobre ¿qué lugar queremos que ocupe el mundo digital en nuestra vida?

    En lo personal, este libro también me llevó a detenerme y observar mis propios hábitos. Tal vez, sin darme cuenta, he ido aceptando una forma muy limitada de relacionarse con el mundo: siempre a través del smartphone, siempre desde el mismo tipo de contenido, las mismas ideas, los mismos temas. No solo porque los algoritmos lo sugieran, sino porque resulta cómodo dejarse llevar. Quizá a veces he perdido curiosidad por explorar otras cosas, otros intereses. Pensar en esto me llevó a algo concreto en lo que quiero trabajar el próximo año: cambiar mi relación con el smartphone, usarlo con más cuidado y no permitir que sea siempre el filtro principal de lo que veo, leo o pienso.  Esta reflexión no es solo porque leí el libro, es algo en lo que llevo pensando desde hace varios meses, pero los hábitos son muy difíciles de cambiar.

    Tal vez el reto no sea desconectarse del todo, sino aprender a usar la tecnología con más intención.Dejar nuestro smartphone solo por más tiempo, escribir una idea a mano en una libreta, caminar sin audífonos y prestar atención a lo que para a nuestro alrededor, esperar en una fila sin revisar redes sociales o simplemente permitir el silencio, sin sentir la necesidad inmediata de llenarlo con una pantalla.. Como recuerda Byung-Chul Han, pensar sigue siendo un acto profundamente humano, y quizá cuidarlo implique recuperar pequeños espacios donde el mundo digital no tenga la última palabra.

  • Imposible decir adiós

    Imposible decir adiós

    na de mis metas lectoras de este año es explorar temas y autores que están fuera de mi zona de confort ya que, de cierta manera, había caído en los mismos temas de siempre.  Por si fuera poco, me di cuenta de que inconscientemente tampoco había leído una autora mujer en mucho tiempo.  Esta búsqueda de nuevos temas me llevó al libro de “Imposible decir adiós” de Han Kang, ganadora del Premio Nobel de Literatura de 2024. La autora escribe sobre temas difíciles como el dolor, la violencia o el pasado traumático, pero lo hace siempre de una forma profunda y reflexiva, algo que se refleja a lo largo del libro. La autora utiliza un estilo narrativo que no sigue un orden lineal, sino que se construye a través de fragmentos que, poco a poco, nos permiten comprender lo que están viviendo los personajes. 

    El libro trata, en esencia, sobre las pérdidas. Sobre cómo una persona puede aferrarse tanto a la ausencia de alguien que toda su vida se convierte en una búsqueda.  El libro nos muestra todo lo que una persona está dispuesta a hacer para descubrir la verdad, encontrar algo de paz y poder despedirse sabiendo lo que realmente pasó.  Esta es la historia de cómo alguien puede dedicar toda su vida a encontrar respuestas. 

    Antes de leer este libro, no tenía contexto sobre las masacres que ocurrieron en Corea alrededor de 1950, ni de cómo pueblos enteros desaparecieron y tantas personas perdieron a sus seres queridos sin siquiera poder despedirse. 

    Han Kang, ganadora del Premio Nobel de Literatura de 2024
    Han Kang, ganadora del Premio Nobel de Literatura de 2024

    La masacre de Jeju, evento histórico del cual hablan en el libro, fue una serie de levantamientos y represiones ocurridos en Corea del Sur entre 1948 y 1953 donde murieron más de 30 mil personas, todas ellas civiles. Un episodio de la historia coreana que permanece como una herida en la memoria colectiva de la región.  

    Pero la verdadera esencia del libro no está en los hechos históricos, sino en las historias personales de quienes lo vivieron, de los que perdieron seres queridos, historias que nunca fueron ni serán escuchadas.  Han Kang nos recuerda que contar lo vivido y ser escuchados es, para muchos, el primer paso la paz interior.  El dolor siempre deja huellas. La búsqueda por la verdad nos transforma, nos hace sentirnos solos y perdidos, nos hace perder a la esperanza. A veces, el dolor es tan fuerte que nos hace pensar que es imposible salir de él. «Imposible decir adiós», nos recuerda que detrás de cada tragedia hay miles de historias personales que merecen ser contadas y escuchadas. 

    Al final del libro se encuentra uno de mis fragmentos favoritos, que me hizo reflexionar en muchos sentidos.  

    Sentí su amor como un dolor sordo que me traspasaba la piel, se hundía hasta la médula de los huesos y me encogía el corazón. Fue entonces cuando supe lo mucho que duele amar a alguien. 

    Disfruté mucho el libro, y creo que, de alguna forma, todos tenemos duelos y pérdidas de personas que ya no están. A veces, nunca encontraremos las respuestas que buscamos, y quizá no haya explicaciones suficientes para entender lo que pasó. Pero el dolor no desaparece: se transforma y se convierte en parte de lo que somos ya que hay heridas que nunca cierran. A veces, lo único que podemos hacer es contar la historia, aunque nadie escuche, aunque la verdad nunca llegue.  

    Nota: La imagen de portada hace referencia a una de las últimas escenas en el libro 

  • Cómo la IA puede potenciar el aprendizaje

    Cómo la IA puede potenciar el aprendizaje

    Reflexiones sobre el libro de Brave New Words

    Mi vida profesional siempre ha estado ligada tanto a la tecnología como al ámbito universitario y aunque nunca ha sido mi función principal, siempre he tenido la oportunidad de estar frente a un salón de clases.  A lo largo de estos años, he visto cómo las plataformas digitales han transformado tanto la forma en que los profesores enseñan y los estudiantes aprenden.  A través de estas plataformas y herramientas, los estudiantes no solo realizan sus tareas y actividades sino que son los medios para diseñar, construir, plasmar sus ideas y llevar a cabo sus proyectos. Cada avance tecnológico trae consigo nuevas posibilidades que amplían las capacidades existentes y cambian la forma en que hacemos las cosas.   Estamos en 2025, y hablar de educación también es hablar de cómo la inteligencia artificial está transformando nuestros roles como profesores. 

    En mi búsqueda por aprender más sobre estos temas, me encontré con el libro deBrave New Words – How AI Will Revolutionize Education (and Why That’s a Good Thing)de  Salman Khan.  Este libro fue parte de la lista de recomendaciones de lectura de Bill Gates en el verano de 2024. En este libro, el autor ofrece una visión optimista sobre el impacto de la inteligencia artificial en la educación, destacando su potencial para transformar el aprendizaje, sin ignorar los desafíos éticos que este cambio conlleva. Al mismo tiempo, habla de una de las mayores preocupaciones de los profesores,  la transformación de sus roles ante este nuevo panorama educativo. 

    La idea central del libro es que la inteligencia artificial puede actuar como un tutor personalizado, ayudando a cada estudiante a potenciar sus habilidades individuales. Este tutor personalizado podrá identificar las áreas en las que cada estudiante necesita mejorar, fortalecer sus habilidades y adaptar el aprendizaje a su propio ritmo y necesidades. Uno de los mayores desafíos para los profesores es brindar atención y seguimiento personalizado a cada estudiante, especialmente cuando tienen diferentes perfiles, necesidades y contextos. Incluso en grupos pequeños, esto sigue siendo un reto ya que requiere mucho tiempo y esfuerzo.   Si los estudiantes pudieran tener un tutor personalizado impulsado por inteligencia artificial, este podría ofrecer apoyo constante, adaptarse a su progreso en tiempo real y brindar explicaciones y ejercicios específicos según sus necesidades. Esto no solo aliviaría la carga de los profesores, permitiéndoles enfocarse en aspectos más estratégicos del aprendizaje, sino que también garantizaría que cada estudiante reciba la atención y el acompañamiento que necesita para desarrollar su máximo potencial. Desde mi punto de vista,uno de los aspectos más valiosos de la enseñanza es brindar retroalimentación a los estudiantes sobre su progreso. En este sentido, un tutor personalizado basado en inteligencia artificial podría proporcionarles retroalimentación constante apoyando así su aprendizaje de manera más efectiva.

    Otro punto clave del libro es cómo la tecnología puede impulsar la creatividad, dando a los estudiantes nuevas formas de explorar diversas disciplinas. Así como en su momento la cámara digital y las aplicaciones de diseño gráfico permitieron a más personas expresarse de formas distintas a las generaciones anteriores, la inteligencia artificial puede hacer lo mismo al facilitar el acceso a herramientas creativas y ayudar a más personas a descubrir y desarrollar su talento. Por supuesto, hay quienes dicen que la IA podría reemplazar las habilidades humanas, pero el libro destaca que, en lugar de ser un sustituto, la IA debería ser una herramienta para potenciar la curiosidad y el aprendizaje de nuestros estudiantes y porqué no, también de los profesores. El autor reimagina la escritura como un proceso colaborativo entre humanos y máquinas. En lugar de ver a la IA como un enemigo, esta se convierte en una aliada que ayuda a los estudiantes a perfeccionar sus ideas, mejorar su gramática y estructurar sus argumentos.

    En el futuro cercano, la inteligencia artificial no reemplazará a los profesores, pero su rol cambiará  o más bien está cambiando de manera significativa. En lugar de solo transmitir conocimientos, los profesores deben convertirse en guías que diseñen experiencias de aprendizaje, utilizando la tecnología para personalizar sus clases y fortalecer su conexión con los estudiantes.

    Aunque el autor adopta un tono mayormente optimista, no evita señalar los riesgos inherentes a esta tecnología. Desde la desinformación hasta el aumento de la polarización social y política, el libro reconoce que la IA podría tener impactos negativos si no se maneja con cuidado. Además, plantea un desafío ético crucial: ¿cómo aseguramos que estas herramientas estén diseñadas e implementadas de manera inclusiva, evitando ampliar las brechas de inequidad existentes?  

    Es cierto, una preocupación recurrente es que la IA podría fomentar la dependencia tecnológica, reduciendo la capacidad de los estudiantes para pensar críticamente. Si los alumnos confían demasiado en estas herramientas, podrían dejar de cuestionar la información o perder habilidades fundamentales de resolución de problemas. Si bien esto es cierto, esto no es un motivo para no usar la inteligencia artificial en los procesos de enseñanza-aprendizaje. Es importante encontrar un equilibrio, donde la IA apoye el aprendizaje sin reemplazar la necesidad de reflexión y análisis. Al final, la clave estará en cómo se integra la tecnología en la educación, asegurando que fortalezca el pensamiento crítico en lugar de debilitarlo.

    Brave New Words es un libro que vale la pena leer, tanto para todas aquellas personas que están en el ámbito educativo  como para cualquiera interesado en el futuro de la sociedad. No podemos detener el avance de la tecnología, pero sí podemos decidir cómo la usamos. Cada nueva herramienta que surge trae consigo oportunidades y desafíos, y depende de nosotros asegurarnos de que su impacto sea positivo. Si integramos la inteligencia artificial con valores claros y un propósito bien definido, podemos aprovechar su potencial para mejorar la educación, hacerla más accesible y fomentar un aprendizaje más personalizado.

    Sin embargo, esto requiere un esfuerzo consciente por parte de los profesores, instituciones y la sociedad en general. Es muy importante que la tecnología no reemplace el pensamiento crítico ni la creatividad, sino que los potencie. Si logramos encontrar un equilibrio entre innovación y responsabilidad, podremos construir un futuro donde la IA no solo facilite el aprendizaje, sino que también ayude a formar ciudadanos más preparados, reflexivos y con una visión más amplia del mundo.