La historia de mi primer maratón: Chicago

He sido corredor por los últimos 4 años, y a lo largo de este tiempo he participado en varias carreras de 10 kilómetros así como 3 medios maratones.  Desde inicios de año tuve el firme propósito de correr un maratón. Entrené por varios meses y todo iba bien hasta que  tuve una pequeña lesión en mi rodilla.

A finales del mes de agosto, me enfrenté a una bursitis y el diagnostico fue que debía dejar de correr por varias semanas.  De acuerdo a mi calendario de entrenamiento las siguientes semanas eran las de mayor distancia, incluyendo un fin de semana que debía correr 30 kilómetros, no quería cancelar mi participación en el maratón, pero al mismo tiempo me daba miedo que con poco entrenamiento no llegara a la meta.

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Mi entrenadora me dijo que no me preocupara y prácticamente cambié todo el entrenamiento en pista por natación y sesiones de fuerza en el gimnasio. Las  últimas tres semanas corrí 5 kilómetros entre semana y 10 los fines de semana y con eso terminó mi entrenamiento.   Por si fuera poco las últimas semanas previas a mi viaje a Chicago fueron muy agotadoras debido a lo demandante que fue mi trabajo, prácticamente hice todo lo que no debía hacer: dormir poco,  hidratación deficiente y una alimentación no adecuada.

Sabía que tenía muchas cosas en mi contra, pero aún así quería correr mi primer maratón y sobre todo cumplir mi meta.  Al inicio de mis entrenamientos,  el objetivo era terminar el recorrido en 4 horas 15 minutos, pero dado el nuevo escenario lo único que quería hacer completarlo, no importando que fueran 6 horas.

Llegó el momento, tome el vuelo a Chicago  y el jueves 10 por la noche ya estaba instalado en mi hotel.   El viernes por la mañana muy temprano salí a trotar un poco a las orillas del lago Michigan, para mi desgracia el fantasma de mi lesión apareció y mi rodilla me empezó a molestar un poco. Debo confesar que por mi mente pasaron muchas cosas, entre ellas que el domingo no llegara a la meta, pero ya estaba en Chicago y no podía ( ni quería) dar marcha atrás.  El resto del día me lo tomé con calma, quería visitar varios lugares de Chicago pero preferí dejar que mi rodilla descansara un poco más.

El sábado 12 de octubre, me di cuenta que ya no había marcha atrás. Al llegar al “McCormick Place Convention Center”me di cuenta de la magnitud del evento, el lugar estaba totalmente lleno por corredores de todo tipo.  Me entregaron mi número y asistí a dos pláticas enfocadas a ayudarte y darte tips de cómo poder completar tu recorrido. Estaba nervioso, pero al mismo tiempo cada vez más motivado por cruzar la meta.   Alrededor de las 21:30 h ya había dejado todo listo para el día siguiente, visualicé por última vez el recorrido y me fui a dormir temprano.

El domingo me desperté a las 5:00 h de la mañana y aunque me había hospedado cerca de la meta de salida, quería tener tiempo suficiente para todo. Desayuné algo ligero,  tomé agua suficiente y salí del hotel hacia el “Grant Park”.

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Como principiante tenía muchas dudas de todo, así que me dediqué a observar a todos aquellos que parecía que tenían más experiencia que yo.  Me ubiqué en el corral F, así que saldría en el segundo bloque cuando fueran las 8:00 h.

El estar en el corral F, me permitió estar muy cerca de la salida y cruzarla prácticamente de inmediato.  Había hecho mi plan debía mantener mi ritmo, al principio un poco lento pero que me permitiera terminar la carrera. Decidí que mi reloj únicamente indicaría la velocidad y distancia de tal modo que nunca viera el tiempo, no quería presionarme.

Lo más impresionante de todo fue la cantidad de personas que se encontraban apoyando a los corredores, no importaba que fueras un completo extraño, siempre había frases de aliento y cartelones que te motivaban, algunos de ellos con un humor especial y otros apoyando a sus seres queridos.

Los primeros 10 kilómetros hubieran sido tranquilos de no ser porque desde el kilómetro 2 me dieron ganas de ir al baño  y a la altura de la milla 6  tuve que hacer una pequeña escala.

Alrededor del kilómetro 18 subí un poco el ritmo y llegue a la mitad del trayecto con mi rodilla sintiéndose muy bien. No me sentía cansado, pero al mismo tiempo me preocupaba un poco que si subía el ritmo fuera demasiado para mí y pagara las consecuencias más adelante.

Uno de los momentos más motivantes de la carrera fue precisamente en el kilómetro 18 donde la pasamos por un asilo y un montón de abuelitos se encontraban en todas las ventanas del edificio saludando y apoyando a los corredores.

Estaba ya en el kilómetro 25, a partir de este momento todo era terreno desconocido para mí. Seis semanas atrás realicé mi último entrenamiento de distancia corriendo exactamente esa distancia y terminé totalmente exhausto, esta ves era diferente ya que todavía tenía por delante 17 kilómetros más.

En el kilómetro 32 empecé a sentir ya los estragos de la distancia, durante todo el trayecto había corrido con música sin embargo decidí quitarme los audífonos y continuar corriendo, concentrándome más en mi paso y en muchos momentos poniendo mi mente totalmente en blanco.  Muchos pensamientos pasan por tu mente en esos momentos, recuerdas como llegaste a ese lugar, recuerdas a personas que son importantes para ti y además piensas en  tus planes y sueños recientes

Llegamos al kilómetro 37, el momento más difícil de la carrera para mí. Era un punto alejado donde había poca gente apoyando, muchos corredores se estaban deteniendo  algunos por calambres y otros por cansancio.  Mucha gente dice que correr un maratón es un trabajo mental y yo mismo lo comprobé.

Bajé mi velocidad e incluso caminé por dos minutos. En mi mente pasaron muchas cosas, entre ellas terminar la carrera caminando, pero ya había recorrido la mayor parte de la ruta y me faltaban solo 5 kilómetros.

Ahora que  reflexiono, me doy cuenta la mente y la motivación juegan un papel muy importante cuando uno participa maratón.  Alrededor del kilómetro 38 pasó junto a mi un “pacer”  llamado Jerry quien traía una banderola indicando un tiempo de 4:30. Me sorprendí y me dije que si terminaba la carrera en ese tiempo, sería todo un éxito para mí.

No estoy seguro de cómo pero me llené de energía, olvidé el cansancio y aceleré el paso, seguí a Jerry y aunque no recuerdo muy bien que fue lo que me dijo, recuerdo que me llenó de energía.  Al entrar a la Avenida Michigan, las cosas cambiaron  y el recorrido estaba nuevamente llena de personas apoyando a los corredores.   Me encontraba en un pequeño grupo pero todos seguían a Jerry muy de cerca.

Alrededor del kilómetro 40 por fin me decidí a revisar mi reloj y me di cuenta que si seguíamos a ese paso, no terminaríamos en 4:30. Tomé una decisión y me despegué del grupo, aceleré el paso utilizando la reserva de mi energía . Para mi sorpresa esos fueron kilómetros más rápidos, me sentía cansado pero estaba a punto de lograrlo.  Llegué a la calle de Roosevelt y  faltaban solo 400 metros para terminar,  por mi mente pasaron muchas cosas y por fin crucé la meta.

Cruzar la meta fue una de las mejores experiencias de mi vida,  mi cuerpo entendió que había completado su misión y en ese momento todo el cansancio se hizo presente, incluso por un momento me sentí un poco mareado.   No importaba el cansancio,  el dolor de piernas, el viento frio que soplaba y el hambre increíble que tenía,  había terminado mi primer maratón con un tiempo de 4 horas y 36 minutos.

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Más de 39,000 personas cruzaron la meta ese día, cada uno con una meta individual. Algunos buscando ser los primeros, otros tratando de mejorar sus marcar o conseguir la clasificación para otro maratón y muchos otros como yo tratando de demostrarse así mismo que pueden romper sus límites y realizar algo que para muchos parece imposible.

Pasé el resto del domingo descansando y el lunes por la mañana salí a caminar por las calles de Chicago .Te dabas cuenta quien había corrido en maratón por la forma en que caminaban, por la playera o ropa que usaban o incluso la medalla que muchos llevaban con mucho orgullo. Más de 2,300 mexicanos viajaron a Chicago para correr esta ruta.

Al final del día, el balance fue muy positivo, cumplí una de mis metas del 2013, me demostré a mi mismo que puedo completar un maratón y agregué a mi lista de “primeras veces” el correr un maratón y viajar a la ciudad de Chicago.

La historia no termina aquí,  durante 2014 correré mi segundo maratón. El mensaje es simple, si tu nunca has corrido un maratón, medio maratón o una carrera de 10 kilómetros, debes hacerlo, te aseguro que no te arrepentirás.